...en ese momento le dijo que no. Miró negativa a sus ojos y con un giro lento le dio la espalda y anduvo hacia la puerta, eternamente entreabierta. Caminó despacio mientras aceleraba la marcha y sollozaba claras palabras inteligibles. Suspiro en el aire. Él sabe que no se irá para siempre, sabe que siempre le tendrá en cuenta y nunca caerá en el pozo del olvido, a pesar de que su cara de espanto denota lo contrario y a pesar del rostro de "jamás" que le mostró ella.
A paso lento se acercó hacia la ventana empapada por el rocío del amanecer que, junto a sus lágrimas, confundía la figura de ella mientras se alejaba por el renegrido sendero de la casa.
Ese día llovió y llovió. Llovió todo el dia y toda la noche. Llovió fuera y llovió dentro...