"...se detuvo, paró y me miró, hoy tenia ojos de noche, de sueño, de mal genio y de la dulzura de un salvaje animal. Se aproximó con calma a mi posición y me miró de nuevo, esta vez, mas de cerca, pues había mucha gente y quedamos los dos casi pegados en el bus. Eran preciosos, no podía dejar de fijarme en esos ojos con su particular forma de gota de agua a punto de caer.

Jamás hemos cruzado palabra a pesar de que muero de ganas cada día que el tiempo me brinda esos diez minutos de coincidencia.
Me miraba de reojo, sonreía y danzaba con el vaivén de la carretera, jugaba con mi mirada, yo no podía disimular, solamente miraba y palpitaba con cada cruce de miradas mientras la mía seguía posada en la hipnosis de sus pupilas, no lograba dejar de mirarlos, la suya me envuelve y me aísla, me lleva y me atrapa, me suplica un beso y me acaricia con la suavidad del terciopelo.

Después de cinco minutos ella debía bajar, con un pequeño gesto entendí que quería salir por la puerta que había tras de mi, seguía mirándome, seguía perplejo mientras me apartaba dejándole paso entre la muchedumbre. El bus llegó a su destino. Me entristecía pensar que hasta el día siguiente no la volvería a ver.

Se acercó a mi oído con una sonrisa antes de bajar:

- No se quien eres, pero te quiero."