"...Y el viejo miró el techo como buscando una respuesta, acercó de nuevo el pincel al lienzo y repasó con un color cobre que habia obtenido con mezcla de pinturas malditas del averno.
Ese unicornio endiablado era para su mejor enemigo, al que maldijo por haberle regalado la peor canción de su repertorio y desde ese momento, condenado a una mala suerte eterna, la cual le robó entre otras muchas cosas, una mano y parte de su inspiración.

-Arte por arte.- se dijo para él sonriendo mientras seguía plasmando su rabia en un precioso paraje con odio escondido tras los colores.

"Amigo Giusseppe, con todo mi corazón te mando este lienzo con el fin de saldar mi deuda interior. Te recomiendo, y es muy importante, que lo enmarques entre hojas de sauce en cuanto te llegue, pues nunca se sabe si al Unicornio le entrará hambre en un momento dado, y como ves, me olvidé de pintarle uno.

Saludos de tu buen amigo Giovanni."

Esa misma noche de tormenta Giusseppe salió al encuentro del arbol, se acercó al mas próximo que tenia de su casa y alzó la mano para recoger las hojas mojadas. Pero antes de poder apartarlas tras un frío y seco relámpago que en ese instante iluminó toda la ciudad, cayó fulminado al suelo con las hojas mortíferas aun cargadas de electricidad... ¿Injusta venganza...?"