"...debió detenerlo la última vez que él pagaba sus ebrias desgracias con su espalda, con su cara, con su vientre, pero no lo hizo, pensó que esa iba a ser la última, como él prometió con cara de arrepentimiento y pena la anterior vez... y la anterior... y la anterior, pero no, no lo fue, solamente fue una mas de las miles, pero esta con, si cabe, un final mucho mas triste del "esperado".

Ella fregaba los platos, en la bandeja chapada apoyada en la encimera se reflejaba su rostro entristecido, preocupado, desmotivado, mirada perdida como una alma camino del infierno.
Cada vecino que abría la puerta de la calle era para ella motivo de tensión y miedo, había aprendido a conocer hasta los pasos de cada uno de ellos. Esos pasos eran los de él. Ella baja la cabeza, disimula el miedo y continua fregando cada plato y cada vaso sin apenas tener constancia de sus actos. La sombra de un pensamiento frío, tanto como el filo del cuchillo que ahora estaba sujetando le hizo perder la razón, eran pocos los segundos en los que tomaba quizás la decisión más importante de su mala vida.
No quería otra mas, no quería volver a ocultar su rostro dañado por las heridas contundentes y demás moratones y las marcas de la necesidad de un ser violento a la par que ebrio le propinaba, no quería tener que volver a sanarse, volver a ver sangre, encerrar a su hijo en la habitación cuando su padre recién llegaba a casa a las diez menos cuarto para evitar que al menos no pueda ver lo que oía.

Dos... tres... cuatro intentos le supuso acertar con la llave en la cerradura, con ese simple detalle ella sabia cuanto iba a recibir de mas. Lo tenia claro, ¿por qué vivir toda una vida con una enfermedad terminal si puede acabar con ella de raíz?...

Se abrió la puerta al fin, con voz entrecortada y sin vocalizar se escuchó un "ya estoy en casa". Ella aguardaba detrás de la puerta, cuchillo en mano, no importaba atacar por detrás, bastante había recibido como para andar pensando en temas de honor y cobardía... solo fue un segundo... un leve suspiro, el silencio se hizo y él cayó al suelo.

Justo ese día él traía la chaqueta en una mano, la cartera del trabajo y un ramo de flores enorme, de ahí que le costara acertar con la cerradura, cuando abrió la puerta, sujetaba las llaves con la boca... ese día no había bebido, no obstante pagaría sereno el daño hecho durante tantos y tantos días, meses y años de ebriedad.

Ella termina en la cárcel ya que no se demuestra que las agresiones de toda una vida sean producidas por él, así como se demuestra que no tenia alcohol en las venas el día en que ella decidió terminar con su torturada y todavía más triste vida..."

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